El dolor visceral es el que está producido por lesiones y enfermedades que afectan a órganos internos o vísceras. No todas las vísceras provocan dolor visceral: las vísceras sólidas como el pulmón, hígado o riñón no provocan dolor. Pero su cápsula sí lo provoca; la distensión o inflamación de la víscera hueca u órgano sí provoca dolor.
El dolor visceral tiende a ser difuso y pobremente localizado dada la ausencia de vías sensoriales específicas para el dolor visceral y la baja proporción de vías aferentes primarias viscerales, si se compara con las vías de origen somático. El dolor visceral puede provocar dolor referido en otras áreas corporales y se acompaña de reflejos autonómicos y motores. Es un dolor sordo, profundo, difuso y pobremente localizado, y descrito por el paciente como intenso, presión o tracción. Suele estar mal localizado y ser continuo y cortante.
El dolor visceral referido se percibe en zonas alejadas de la víscera que lo origina, es muy característico en zonas de la superficie cutánea. El dolor visceral también se acompaña de fenómenos vegetativos, perturba el sueño y se puede asociar a determinados síntomas de manera concomitante. Es desencadenado por estímulos diferentes, preferentemente distensión de víscera hueca, isquemia o inflamación. El diagnóstico será clínico por la anamnesis y la exploración física, acompañado de las pruebas complementarias de imagen como Tomografía Computerizada o Resonancia Magnetica Nuclear, evidenciándose el daño orgánico del órgano o víscera.
En cuanto al tratamiento, inicialmente se basará en la utilización de la escalera analgésica de la OMS, antinflamatorios no esteripoideos, opioides menores y mayores, y sus combinaciones entre ellos o con fármacos coadyuvantes. En casos refractarios, optaremos por la terapia intervencionista, con la utilización de bloqueos del sistema nervioso simpático y sus cadenas prevertebrales, utilizando bien anestésicos locales u opciones más definitivas como fenol o radiofrecuencia térmica. En función de la víscera u órgano afectado, deberemos bloquear la cadena prevertebral o los ganglios viscerales a una altura u otra de la columna.
Una de las patologías más estudiadas y con mejores respuestas es el dolor que sufren los pacientes con pancreatitis crónicas presentes en un 80-90% de los mismos, y que pueden mejorar mucho tras este tipo de intervención. Otras opciones pueden ser la estimulación de cordones posteriores medulares o la infusión de fármacos espinales en casos más complejos o fases más avanzadas. Aunque un número significativo de pacientes con dolor visceral crónico responderán a tratamiento farmacológico, no debemos perder de vista las diferentes opciones intervencionistas mínimamente invasivas que pueden proporcionar en estos pacientes una mejora muy significativa de su calidad de vida.
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